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Los padres somos el espejo de nuestros niños y niñas

  • 18 ene 2014
  • 2 Min. de lectura

Los padres somos el espejo donde estas criaturas repiten cada acto.


Tienen miedo porque tenemos miedo, se alimentan bajo las premisas que les marcamos, sienten como suyos los valores que son nuestros y se forman como personas, mientras copian, copian y copian.

Por ejemplo, es incoherente decir o censurar a un hijo porque fuma si uno de los padres o los dos son fumadores. El espejo refleja un fumador.




Decir a los hijos “Yo a tu edad…..”, ellos han nacido en otras circunstancias y tal vez lo que para los padres era ley de vida, para ellos es una realidad obsoleta. El espejo refleja algo que ellos no quieren ser y hay que darles la posibilidad de que lo digan.

Por eso es tan importante, preguntarles que quieren hacer, que es lo que les gustaría de verdad, para darles la posibilidad de elegir lo que desean, aunque los padres se aferren a sus creencias y sientan que ellos no están haciendo una buena elección.

Cuántas veces he escuchado “de la música no puedes vivir”, aunque se compruebe cada día, que son miles y miles las personas que hacen de la música su trabajo. El espejo está desvirtuando una realidad y los miedos están limitando un futuro, del que en ningún caso está garantizado.


Ser espejo es trasmitir con acciones a los hijos, es estar seguros de poder decir, mírame porque te estoy dando un ejemplo de coherencia, cópiame porque a pesar de todo he decidido ser feliz y con esto te dejo en herencia valores fundamentales, como el respeto hacia todo y hacia todos, la seguridad y el valor para decir que no cuando algo te dañe el alma, y también la posibilidad amar lo que haces, porque eso te hará saltar cada día de la cama y dar lo mejor de ti.

Sabemos, los que ya hemos vivido unos años más, que las crisis son cíclicas, las grandes profesiones son suplantadas por otras cada cierto tiempo, las modas pasan y nosotros estamos en medio de este tornado de idas y venidas, y lo único que nos queda es ser consecuentes con nosotros mismos.

Por eso, ellos, los hijos, necesitan reflejarse en unos padres, que hayan aprendido a reír a pesar de las adversidades, que los ame sin condiciones a pesar de los errores, que el respeto sea constante, y el derecho a elegir también.

No olvidéis que cada acto cuenta y cada palabra vale. Sería fantástico, que la próxima vez que os dirijáis a vuestros hijos, lo hagáis pensando en que están copiando vuestras maneras para aprender a caminar por la vida.



UN ACTO VALE MAS QUE MIL PALABRAS


Seguro que lo haréis bien, hoy comparto estas pautas con la intención de que tal vez os puedan ayudar, porque a mi también se me extravió el manual de instrucciones, en el mismo momento en que me pusieron a mis hijos en los brazos.

Un abrazo.

















 
 
 

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